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Cada uno de tus pensamientos es un objeto real:
una fuerza, un poder. Piensa en esa fuerza y poder,
y los atraerás hacia ti.

Prentice Mulford

INTRODUCCIÓN

Un genio anda suelto…

Si acabas de comprar este libro y te dispones a leerlo, déjame decirte una cosa, para ir abriendo boca. Estás ante uno de los autores que más han aportado al movimiento de desarrollo personal, superación y Ley de la Atracción: Prentice Mulford. Un verdadero genio. Uno de los estandartes de la filosofía popular americana y mundial, que junto a Ralph Waldo Emerson, entre otros cuantos, pusieron patas arriba las creencias espirituales, primero de cientos de personas, luego de miles y hoy de millones.

Su libro “Los pensamientos son cosas” se sitúa entre los más influyentes de la historia de la humanidad, en el cual se encuentran -al igual que en el resto de su obra- sus impresiones acerca de Las Leyes Mentales y Espirituales. Un icono inigualable del Nuevo Pensamiento, que ha influido, como decimos, en millones de personas de todo el mundo. Entre las que destacaríamos a Rhonda Byrne, responsable del documental y libro “El Secreto”, y reconocida seguidora de las ideas del señor Mulford. Porque es justo decir que la gran mayoría de literatura de superación personal (la autodenominada “Autoayuda”) bebe directamente de las ideas de autores del siglo pasado, como Willian Walker Atkinson, Wallace D. Wattles, James Allen o el propio Mulford, que dedicaron su existencia a la búsqueda del porqué de las cosas. Personajes que experimentaron una y otra vez con sus vidas, para ayudarnos en las nuestras. Se dieron cuenta de que los pensamientos y sentimientos eran en realidad ENERGÍA. Y que esa energía nos conectaba directamente con La Naturaleza, con El Universo, con la fuente de la creación. Con Dios, si prefieres llamarlo así. Y que mediante esa conexión, los seres humanos éramos capaces de crear nuestra propia realidad. ¡Menudo descubrimiento!

En Desarrolla el poder que hay dentro de ti hemos recopilado una selección de los escritos más relevantes de este autor, en su archifamosa obra “Your forces, and how to use them “. En ellos descubrirás cómo crear en tu interior la magia y los milagros que quieres ver en tu mundo exterior. Para Mulford nada era imposible. A través de su experiencia vital demostró de qué manera nuestra propia energía interna (generada mediante nuestros pensamientos) influía y creaba nuestro mundo de posibilidades.

Y cómo la ciencia da la razón a Mulford y compañía…

A lo largo de todo el siglo XX y XXI la ciencia se ha encargado de poner nombre, teorizar y dar forma, sin proponérselo, a los postulados de Prentice Mulford. La Física Cuántica ha conseguido demostrar que las locas ideas de este autor, en realidad eran ciertas, que tenían mucho más fundamento del que uno pudiese pensar.

Hay una teoría que ha dado sentido a mi vida desde que la conozco, hace unos años ya… Es la siguiente, la formuló un físico de la Universidad de Princeton, Hugh Everett III. En ella intenta explicar que hay infinitos mundos paralelos en los que todos nosotros estamos viviendo las infinitas posibilidades que nos depara la vida. ¡Todas! Todas, sin faltar ni una. En unas realidades somos inmensamente felices y hacemos esto o aquello, y en otras somos inmensamente infelices viviendo esto otro o lo de más allá.

El caso es que nosotros, aquí y ahora, podemos mediante nuestra “percepción” y “observando” lo que queremos, elegir la experiencia que deseamos vivir, y así ir saltando de un universo a otro, haciendo nuestro particular “crea tu propia aventura” con la novela de nuestra vida. “Colapsamos” la realidad que vivimos, al vivirla, al elegir los pensamientos que deseamos tener, al elegir “observar” una realidad u otra, al darle energía a una realidad u otra. Y esto no lo digo yo, sino uno de los mayores científicos que ha dado este planeta llamado tierra, ¡corroborando lo que en realidad decían Mulford y compañía hace ya un siglo!

Pero, ¿dónde radica el principal problema? Que, como indica Mulford en este libro, nosotros “percibimos” y “observamos” MIL VECES MÁS la realidad que no queremos, aquella que detestamos. Preferimos seguir “disfrutando” de nuestro dolor y viendo solo eso, que concentrar nuestra energía, pensamientos y sentimientos en aquello que de verdad deseamos. ¡Somos incapaces de controlar nuestra mente!

Y, en verdad, no hay nada más sencillo. Niégate a seguir pensando como has pensado hoy. Y comprométete contigo mismo a pensar SÓLO en lo que quieres a partir de este momento, SÓLO dar luz verde a aquellos pensamientos que te llevarán a la vida de tus sueños, sean los que sean. En el instante que lo hagas, empezarás a vivir la experiencias que siempre has querido vivir. No hay obstáculos. Los obstáculos los pones tú.

Nosotros, como editores, deseamos que derribes todos esos obstáculos, o que no los crees, y que disfrutes y aprendas de las sabias palabras de este libro, tanto como las hemos disfrutado y asimilado nosotros. Te recomendamos que pongas en práctica todas las dinámicas que aconseja el señor Mulford, porque sabemos que eso, sencillamente, te cambiará la vida. No te hagas una idea equivocada del poder de este libro por sus dimensiones. Sí, es un libro pequeño, corto, de fácil lectura, pero en su interior encontrarás herramientas que pueden convertirte de forma muy sencilla en la persona que siempre quisiste ser. Ojalá veas muy pronto tus sueños hechos realidad, nada nos haría más feliz.

Buen viaje, nos vemos en el camino.

CUANDO DUERMES, VIAJAS. LOS PENSAMIENTOS SON LOS IMANES MÁS POTENTES

Cuando tu cuerpo está en estado de sueño, estás viajando. El verdadero “tú” no es tu cuerpo; es una formación invisible, tu espíritu. Tiene sentidos como los del cuerpo, pero éstos son muy, muy superiores. Puede ver formas y escuchar voces a kilómetros de distancia del cuerpo. Tu espíritu no está en tu cuerpo. Nunca estuvo del todo en él; actúa sobre él y lo utiliza como un instrumento. Tiene un poder que se puede hacer sentir a kilómetros de tu cuerpo.

Para nosotros, la mitad de nuestra vida está en “blanco”, pues la vida de nuestro espíritu abandona el cuerpo cada la noche. Se va a países muy distantes, y ve gente que nunca hemos conocido en persona. El sueño es un proceso, realizado inconscientemente, de autohipnotismo.

Tu cuerpo no es tu ser real. El poder que lo mueve es tu espíritu. Es una formación invisible, bastante distinta e independiente de tu cuerpo. Tu espíritu (tu verdadero yo) utiliza tu cuerpo como el carpintero utiliza su martillo o cualquier herramienta para trabajar.

El espíritu está cansado por la noche. Está agotado de su esfuerzo, y por lo tanto no es capaz de mantener el cuerpo enérgicamente.

El espíritu está débil por la noche, porque sus fuerzas han sido enviadas por el pensamiento en miles de direcciones diferentes durante el día. Cada pensamiento es una de estas fuerzas, y una parte de tu espíritu. Cada pensamiento, hablado o sentido, es un elemento, una sustancia, aunque invisible, tan real como el agua o el metal.

Cada pensamiento, aunque implícito, es algo que acompaña a esa persona, cosa, o entorno en el que se aloja. Tu espíritu, entonces, ha sido enviado, durante el día, a entre mil o tal vez diez mil direcciones diferentes. Cuando piensas, estás trabajando. Cada pensamiento representa un gasto de fuerza. Así que el envío de la fuerza durante dieciséis o dieciocho horas, no dejará suficiente energía durante la noche para usarla. Por lo tanto, el cuerpo cae en una condición de insensibilidad que llamamos sueño. Durante ese estado, el espíritu recoge sus fuerzas dispersas, los pensamientos que se han enviado a lo largo y ancho del día, y regresa con sus poderes y de nuevo posee toda su fuerza.

Puedes reunir las fuerzas dispersas del universo y estar tan lleno de energía y fuerte en este momento como quisieras. Solo tienes que aprender a atraer y mantener contigo la energía, la fuerza.

Este poder fue conocido por Napoleón; le mantuvo por días con muy pocas horas de sueño durante la crisis de sus campañas, cuando sus energías le aupaban al máximo. Es un poder que puede ser adquirido por todos mediante un determinado entrenamiento.

Esto se hace principalmente, colocando el cuerpo en un estado de reposo tan profundo como sea posible; deteniendo todos los movimientos físicos involuntarios, tales como el balanceo de las extremidades, golpear con el pie, o repiquetear los dedos. Todos estos movimientos involuntarios malgastan tus energías, y, peor aún, te entrenan inconscientemente a un hábito difícil de frenar, perdiendo fuerza y entereza. El funcionamiento involuntario de la mente, el extravío del pensamiento en todas las direcciones –hacia las personas, las cosas, los planes y proyectos, y las inquietudes inútiles sobre las preocupaciones grandes y pequeñas–, deben ser detenidas del mismo modo, y la mente por unos minutos dará lugar tan rápido como sea posible a un espacio en blanco de tranquilidad absoluta. La concentración del pensamiento para “atraerse hacia el interior de sí mismo”, o la imagen mental de tu espíritu, con sus finos filamentos eléctricos alcanzando a personas, lugares y cosas lejos de ti, será lo que necesitarás para atraer lo que quieres.

Lo que tú imaginas en la mente es una realidad espiritual. Es decir, lo que imaginas, en realidad está en el espíritu y por el espíritu se convierte en realidad. Todo plan o invención visto claramente en el pensamiento es algo tan real como la madera, la piedra, el hierro, u otra sustancia en la que posteriormente se puede manifestar, haciéndose visible a nuestros ojos y hecho para trabajar los resultados en el estrato físico de la vida.

Si un hombre piensa en matar, en realidad proyecta el asesinato al viento. Desde él envía un plan homicida tan real como si lo hubiera dibujado en el papel; su pensamiento es absorbido por los demás; por lo que este elemento y el plan oculto del delito son absorbidos por otras mentes; inclinándoles a la violencia, aunque no sea a asesinar. Si una persona está siempre pensando en enfermedades, envía hacia sí mismo el elemento de enfermedad; si piensa en la salud, la fuerza y la alegría, envía de él construcciones de pensamiento que afectan a los demás, a su salud y su fuerza, así como a sí mismo. Un hombre envía pensamientos con lo que está formado él mismo (su espíritu). Como un hombre piensa, así es él. Y tu espíritu es un manojo de pensamientos; lo que piensas la mayoría del tiempo, se convierte en tu espíritu, en lo que tú eres. Entonces, Imagínate cómo ese ser atrae todos esos filamentos de energía (la materia) con los pensamientos adecuados. De modo que los pensamientos que pasan por ti en un minuto, difícilmente podrían ser escritos con claridad en una hora. Reúnelos en un punto (tu enfoque, tu concentración, tu energía). Entonces, podrás poner toda esa fuerza en cualquier cosa o sustancia que desees. ¡Y la atraerás a tu vida! Ése es el mayor secreto de todos los tiempos.

Cuando el ojo y la mente se disponen sobre cualquier objeto singular que no acumula energías, por ejemplo un punto en la pared, el pensamiento positivo o los filamentos de energía se dirigen a ese punto. El espíritu es como la mano con sus dedos expandidos y atrae lo que transmite, lo que piensa, lo que vibra en su interior.

Cuando envías el pensamiento a cualquier cosa, le envías tu fuerza. Cuando ésta se centra en una sola cosa, y evitas que se aleje (y huya) en cada momento, atraes más fuerza. Atraes más lo que eres tú, lo que piensas. Atraes lo que quieres y sientes.