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© D.R. 2016, Sergio Hermida

Todos los derechos reservados ©

Primera edición, México, 2016


Publicado por TypoTaller

Barra de Navidad 76-C

Col. Vallarta Poniente

Guadalajara, México. 44110


ISBN: 978-607-8512-02-7


Ninguna parte de esta publicación puede reproducirse, almacenarse en un sistema de recuperación o transmitirse, en ninguna forma ni por ningún medio, sin la autorización previa y por escrito del editor.


Impreso y hecho en México

Printed and made in Mexico




Dedico este libro a todas las persona
que han creído en mí.


A mis queridos clientes, que con su compromiso
y entusiasmo impulsan el mío.


A las personas que acuden a mis seminarios,
por su energía contagiosa.
Ver sus caras llenas de emoción
por lograr grandes cosas, siempre me impulsa
a dar lo mejor en cada presentación.


A mi madre, María Luisa,
por hacerme un hombre de bien.


A mi esposa y compañera de vida:
Nancy, te amo con todo mi corazón.


Y en especial a mis amados hijos,
Natalia y Santiago, quienes desde ahora
saben que el mejor amigo siempre será un libro.
Dios me dio la enorme bendición de ser padre
y de descubrir el amor incondicional,
el que se siente por un hijo. Adoro
ver mi rostro reflejado en sus ojos.
A lo largo de este libro siempre estuvieron
en mi mente y en mi corazón.


A ti, lector, por decidirte a emprender
este viaje conmigo. Me honra acompañarte
en el camino hacia tu crecimiento
como dueño de negocio.


¿Con cuál de estas definiciones te identificas?




Capitán

El que toma las decisiones importantes. Un visionario. Una persona que está en constante preparación. Un líder. Quien en todo momento lleva el timón y el rumbo de su vida y de su negocio. Es madera de timón.



Carbonero

Es quien vive en todo momento al lado del fuego, jugando con él y con riesgo de quemarse. Surca inconvenientes cada día de su vida. Vive bajo presión extrema, sin tiempo libre ni calidad de vida. Es un empleado más en la organización. Es madera de calado.

Presentación













¡Uno debe tener siempre un motivador para hacer las cosas!

En este país, y en muchos otros, no existen escuelas que preparen a los emprendedores. A lo largo de nuestro aprendizaje escolar y hasta la profesionalización de una carrera, nos enseñan a ser buenos empleados, pero jamás a ser dueños de negocios. Inclusive en las universidades privadas, preparan a los alumnos para administrar los negocios de sus padres, pero muy pocas veces para desarrollar de la nada una idea de negocios y llevarla al éxito.

Mientras estuve en la licenciatura de Administración de Empresas, nunca tuve una clase que se tratara de desarrollar liderazgo; jamás conocí un sistema de reclutamiento o la importancia que tiene en una empresa la suma de voluntades.

Es por eso que hay dueños de negocios con ganas de hacer las cosas, ¡pero sin saber cómo hacerlas! Y tienen que sortear su camino simplemente a partir de sus experiencias como empleados.

Y, lamentablemente, otra de las cuestiones que evitan el crecimiento de los dueños de negocios es que después de que terminaron de estudiar, cualquiera que haya sido el último nivel de estudios, no vuelven a hacerlo, dejan de prepararse; ser un dueño de negocio debería ser una carrera profesional como cualquier otra, pues tiene su historia, sus bases, sus principios, métodos y reglas para poder desarrollarse con el resultado esperado. No hay mejor inversión que la propia preparación; ten en cuenta que lo único constante es el cambio, y debemos estar siempre preparados y dispuestos a dar el paso. Cambiar para mejorar, siempre será sinónimo de crecer.

Uno descubre su destino tarde o temprano. Desde que era niño, recuerdo el entusiasmo que ponía en mis trabajos para sobresalir; y recuerdo además el afán con el que trabajaba cuando lo hacía en equipo. Siempre procuré trabajar al lado de los más dedicados. Cuando terminaba antes que todos, y tenía la oportunidad de ayudar a mis compañeros, con el consentimiento de mis maestros, siempre buscaba auxiliar primero a los que más ganas tenían de hacer las cosas bien; me gustaba hacerlo así por varios motivos:


1. Eran más receptivos.

2. Tenían claro el valor del tiempo (el recreo era importante).

3. Valoraban más que los demás la ayuda.

4. Eran agradecidos.

5. Me hacían crecer junto con ellos.


Al paso de los años, mi gusto por ayudar a las personas de mi entorno siguió intacto, al grado que cuando fui universitario la primera carrera que elegí fue Medicina. No obstante, había algo que no me cuadraba, ¡no me hacía sentir pleno! Pensaba: “Hay un ejército de personas ayudando a los enfermos; otro más auxiliando a personas en situación de precariedad económica”. Y mi pregunta importante: “Y a las personas que buscan crecer a través de su trabajo, ¿quién las ayuda?”.

Por supuesto que estoy de acuerdo y además admiro a las personas que dedican su vida ayudando a los que, en un momento dado, no están en condiciones, físicas o económicas, de valerse por sí mismos. Mi razonamiento es: los que quieren crecer por sus propios medios y méritos, ¿no deberían tener también profesionales que les ayuden a hacerlo? Entonces descubrí que sí existía una manera: ¡siendo un coach de negocio!

Mientras estuve estudiando Medicina, alrededor de tres semestres, fui un alumno muy destacado en cuanto a calificaciones, pero nunca me pude sentir satisfecho. Cuando decidí cambiar de carrera y comencé a estudiar la Administración de Empresas, independientemente de las calificaciones, me sentía pleno y feliz conociendo y aprendiendo ese mundo: el empresarial.

Transformar tu entorno a partir del valor que genera ser un empresario es, para mí, uno de los más grandes retos y una de las más invaluables ganancias que genera aventurarse a ser un dueño de negocio. Sentirme parte de ese crecimiento, al ser coach de muchísimas personas que han logrado incrementar significativamente su potencial como empresarios y como personas, es algo que me llena de orgullo y me da la energía para seguir en esto, que es mi pasión.

Cuando decidí iniciar este libro, antes de pensar en escribir qué podría decir, me vino a la mente: “¿Qué busco transformar en las demás personas?”. Me interesa, sobre todo, que como dueño de negocio o como emprendedor hagas una introspección y luego respondas, si eres emprendedor, ¿por qué estás pensando poner un negocio? Y si ya lo tienes, ¿por qué pusieron un negocio? ¿Qué de aquellas cosas con las que iniciaron en mente se han capitalizado? ¿Cuáles metas se han logrado? ¿Cuáles se han quedado sin cumplir? La intención de este libro es que tú, emprendedor, puedas iniciar con el pie derecho, que sepas que hay una autopista, una vía rápida para que puedas lograr eso que tienes en mente al decidir comenzar en el mundo de los negocios. Y a ti, que ya eres dueño de negocio, decirte que, si bien es motivo de orgullo decir que te has ido por la vía más complicada, por el camino largo y agreste, te puedas dar cuenta de que hay un camino más claro, más cómodo y más corto, y que hacer uso de este sendero también es tu posibilidad y que los resultados serán doblemente satisfactorios. Quiero que este libro sea un potenciador de resultados para ambos: emprendedores y dueños de negocios.

Estoy convencido de que este libro va a colaborar a la transformación de tu negocio y tu persona, te va a ayudar a sacar lo mejor de ti y de las personas que estén dentro de tu organización.

El éxito no está en la edad ni en el tiempo que tengas con tu negocio, sino en tu voluntad y en tus ganas de crecer en todos los aspectos. Mi experiencia como coach de negocios con más de tres mil seiscientas horas de práctica en seminarios, capacitaciones y gabinete de coaching, me permite asegurarte que no hay edad, tamaño de empresa ni título universitario que sea una limitante para seguir desarrollando tu negocio y tu persona.

Tampoco quiero dirigirme solamente a aquellos que ahora mismo tienen un negocio en terapia intensiva. Por supuesto que seguir las instrucciones te servirá para sacar adelante un negocio que esté en crisis; pero también ayudará a potenciar aquellos negocios sanos que quieran ir por más. ¡Siempre existirá la posibilidad de mejorar, de continuar preparándose, de ser más grandes y de ser mejores día con día!

Tienes en tus manos mi corazón, mis conocimientos y toda mi voluntad de ayudarte a ser un mejor empresario y una mejor persona.

¡Abriendo los ojos!




De repente un día despiertas
y al abrir los ojos te das cuenta, sorprendido, de que en el techo
de tu cuarto —justo frente a tus ojos— está escrita la historia
de tu vida.


Lo primero que te asusta es el poco espacio en blanco que queda en ese improvisado diario; la primera pregunta que se te viene a la cabeza es: “¿Cuánto tiempo me queda por vivir?”.

Después de la impresión inicial, comienzas a leer la pared; buscas en una línea y otra, al azar, momentos de tu vida. Después de un rato, te das cuenta de que hay espacios escritos con tinta indeleble, esa que no se borra, esa que sobresale de todo lo demás. Y son los momentos más felices de tu historia personal. Notas con agrado que en esas letras sobresalientes está tu familia; comienzas a recordar, antes de seguir leyendo, todos esos hermosos momentos vividos desde tu infancia, cuando lo único que te preocupaba era terminar pronto la tarea para salir a jugar con tus amigos.

Recuerdas, con una sonrisa en los labios, que eras el jugador más codiciado del barrio, el que metía los goles; ¿quién no quiere tener al goleador en su equipo? Y ese recuerdo te lleva también a la angustia de que te escogiera, no tu gran amigo, sino aquel con el que no te sentías cómodo siendo parte de su equipo. ¡Cuánto trabajo te costaba jugar con quien no querías hacerlo! Y ese mismo recuerdo te aterriza a tu actual negocio, ese que te absorbe tanto, tan exigente, ese que desarrollas tan bien pero que no te tiene satisfecho. Y te entristeces.

Y así, después de ese recuerdo, sigues mirando el muro de tu vida, y sigues notando las letras indelebles que sobresalen en él; logras distinguir que esos momentos son los más cortos, pero los más significativos en tu existencia.

Los momentos difíciles y cómo se resolvieron con la unión de tu familia y tu fe en el Creador; aquellos en que ese conflicto que parecía imposible de resolver tuvo solución gracias a tres virtudes: paciencia, fe y fuerza. La manera tan serena como manejaste aquello que se salió de tu control, y aun así supiste enderezar. En fin, todo aquello de verdad importante en ese trajín diario que te ha tocado vivir y que has llevado a buen puerto, aunque todavía te quede esa impresión de que no tienes lo que has estado buscando.

Notas otra cosa más: en esa pared, la mayoría, (sí, ¡la mayoría!)de las cosas ahí escritas te recuerdan muchos esfuerzos inútiles, muchísimo trabajo dedicado a cosas, eventos y trabajos que no han valido ni la pena ni el esfuerzo; quehaceres a los que has dedicado la mayor parte de tu vida sin dejarte el recuerdo lindo, la recompensa merecida, y ahora tu tristeza se vuelve coraje: ¿cómo fue que desperdiciaste la mayor parte de tu vida en esfuerzos poco recompensados? Te preguntas, al tiempo que te avergüenzas al recordar: ¿qué te hizo tomar decisiones que te alejaron tanto tiempo de tu familia, si al final los resultados no valieron, ni en menor medida, ese abandono? Otra pregunta te retumba en la cabeza: ¿cómo fue que te involucraste en trabajos que no querías llevar a cabo y que te dejaron sólo exiguas ganancias y mucha vida sin vivir?

Y lo mejor: notas que esa parte de tu historia, con un poco de pensarlo así, la puedes borrar; afortunadamente, te queda espacio para escribir de nuevo tu historia, la que necesitas, la que te mereces. Después de todo, también somos dueños de esa posibilidad, la de comenzar de nuevo, la vida próspera que merecen tú y tu familia.

Mereces ser feliz. Recuérdalo siempre. Grábalo en tu memoria, en tus pensamientos de todos los días, en la agenda, en esa pared que narra tu historia. Siempre es buen momento para reemprender el rumbo y alcanzar lo que alguna vez vimos como inalcanzable. Los imposibles, llegado el momento, son escalones por subir, peldaños, pasos hacia los sueños. La felicidad es tuya. Sólo tienes que ir por ella. Sé por fin el capitán de tu destino, no el carbonero que pocas veces tiene el gusto de ver la luz del día. Mereces la oportunidad. La tienes. Esta vez, no la dejes ir.

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